Hay discos que se escuchan y discos que se habitan. Lo nuevo de cropscropscrops junto al productor Vaygrnt pertenece al segundo grupo. Es una inmersión profunda en un art-rap que duele por su honestidad, donde el aislamiento deja de ser una opción para convertirse en una espiral peligrosa.

El MC de Montreal se mueve en ese terreno pantanoso entre el spoken word y el glitch, escupiendo rimas sobre los paisajes gélidos que diseña Vaygrnt. No esperes ritmos convencionales; lo que hay aquí es una neblina de sonidos ambientales y loops que parecen sacados de un sueño (o una pesadilla) de invierno. La mano de Steel Tipped Dove en el máster es el toque final: le da una claridad casi hiriente a cada textura.

El disco no tiene prisa. Desde los primeros compases más filosóficos hasta ese extraño giro “emo” en «we used to dance», todo se siente como una caída libre. El momento clave llega con E L U C I D en «anatomy angels», donde su caos experimental encaja como un guante con la densidad de crops. Entre voces que parecen fantasmas (como la de Edaya) y pausas que te dejan coger aire, los 16 temas se pasan volando a pesar de su atmósfera pesada.

Si te va el rollo abstracto de sellos como Backwoodz o la intensidad de Armand Hammer, este disco te va a volar la cabeza. Son 40 minutos de pura honestidad donde el escapismo acaba siendo una trampa. cropscropscrops pone las letras crudas y Vaygrnt las congela. Es, sencillamente, una de las escuchas más sorprendentes del año, ya que hasta hace unos días no conocíamos ni siquiera su existencia.